Rumanía I: Un poquito de historia


 

Rumanía tiene forma de pez

Rumanía tiene forma de pez

En esta serie de artículos quiero compartir mi visión y mis impresiones sobre este país después de haber vivido allí durante 10 meses. Mi intención no es la de hablar de las bondades de Rumanía, en plan folleto turístico, o la de hacer un análisis social exhaustivo del país, porque no soy un experto. Habiendo compartido el día a día con personar rumanas de a pie, quiero mostrar como es la realidad actual de la sociedad Rumana y tratar de explicar los motivos de lo que voy a exponer.

Yo estuve concretamente en Brăila, al este del país, uno de los últimos puertos fluviales antes del Delta del Danubio (lugar calificado como Reserva de la Biosfera por la UNESCO) y unos 40 kilómetros de la triple frontera con la punta sur de Moldavia y la costa del mar negro Ucrania. Más adelante hablaré de esta ciudad, pero primero me gustaría empezar dando una idea general de Rumanía en su conjunto.

Por lo tanto, quiero empezar hablando de Rumanía y sus ciudadanos. Es sabido que mucha gente en Europa tiene una mala imagen sobre los rumanos, especialmente por la masiva emigración de éstos hacia otros países europeos y asocian al país con gitanos, corrupción y pobreza. Esta idea a llevado a que Rumanía sea un lugar poco conocido e injustamente prejuzgado. Además, sospecho que toda esa gente con una concepción tan negativa de Rumanía, nunca ha estado allí, así que estas líneas van dedicadas para ellos, si es que saben leer.

Pero, como es habitual, para entender lo que sucede en un lugar en la actualidad, hay que echar la vista atrás.

 

UN POQUITO DE HISTORIA

Mirando a Rumania desde una perspectiva histórica, veremos que esta república tuvo la dictadura mías tardía de todas las aparecidas en el siglo XX en los países que hoy conforman la Unión Europea. El régimen duró hasta 1989, cayendo a la misma vez que la Unión Soviética se desmembraba y el resto de países satélites dejaban de ser comunistas y abrazaban el libre mercado en el llamado “Otoño de las Naciones”. Por lo tanto, fueron los únicos en realizar esta transición de forma violenta, terminando con la dictadura, y la vida, de Nicolae Ceaușescu en la Revolución Rumana de 1989.

Todo empezó con unos disturbios desencadenados en Timisoara el día 16 de diciembre de ese mismo año 1989 tras un desahucio ordenado por el régimen a un pastor Luterano. Las revueltas fueron fuertemente reprimidas primero por la policía y luego el ejército. El descontento fue propagándose por el resto de grandes ciudades hasta convertirse en una oposición al estado policial y a las políticas de austeridad de Ceaușescu .

El día 21 de diciembre el dictador salio al Balcón del Comité Central del Partido Comunista Rumano (PCR) ante una gran multitud, que a juzgar por los hechos que estaban por venir, no quedó muy satisfecha con las explicaciones ofrecidas por su jefe de estado.

Aquí el discurso:

Tras el discurso, el pueblo no se dispersó y miles de personas siguieron en las calles de la capital portando banderas rumanas con un agujero recortado en el medio, donde se encontraba el escudo del régimen. Este fue símbolo adoptado por los opositores. El gobierno mandó al ejército, pero a esas alturas muchos de los militares ya se habían unido a la multitud clamando por el fin de la dictadura. Tanta fue la presión, que al día siguiente Nicolae y su mujer Elena (otra elementa de cuidado) huyeron en helicóptero de la capital hacia Târgoviște. A su llegada, fueron casi inmediatamente capturados y poco después declarados culpables por genocidio en un juicio televisado y cuya pena fue dictaminada por un tribunal creado para la causa. Fueron ejecutados el día 25 de diciembre a ritmo de Kalashnikov.

Imágenes fuertes:

Si tenéis la oportunidad de preguntar a los propios rumanos en la calle, la mayoría critica este periodo y culpa al líder comunista del atraso del país. Sin embargo, no es difícil escuchar voces nostálgicas, añorando dicho régimen y argumentando, casi siempre, que al menos en esa época nadie pasaba hambre y la sanidad era gratuita. He escuchado comentarios en este sentido a jóvenes que aún no habían nacido en esa época. Incluso he escuchado a gente decir que la revolución fue impulsada por poderes exteriores que apuntan a la CIA. Todo esto que expongo, es comprobable echando un rápido vistazo a los comentarios de los vídeos que enlazo arriba o de cualquier otro relacionado con este tema. Con esto quiero decir que, y sin querer meterme, pese que a que lo opinión generalizada es que han evolucionado hacia un país democrático, las manifestaciones contrarias no son un tabú, como lo son en Alemania o lo deberían ser en España.

Banderas con el escudo recortado

Banderas con el escudo recortado

Dicho esto, para entender la Rumanía de hoy y su sociedad, hay que saber que una de las cosas que hizo Ceaușescu fue urbanizar a marchas forzadas el país, enviando a mucha de la población rural a grandes ciudades como Bucarest, la capital, Cluj-Napoca o Timișoara (esto también fue llamado “reubicación rural”, eufemismo político que mola mucho más). Para acoger a tanta gente hacían falta muchas viviendas, por lo que, tirando de manual de estilo arquitectónico comunista, se levantaron barrios enteros de bloques grises igualitos ente sí y con menos adornos que la pared de un quirófano.

Bloques de apartamentos communist style

Bloques de apartamentos communist styla

Para la construcción de estas viviendas se llegaron a destruir zonas históricas. Como claro ejemplo tenemos el casco antiguo de Bucarest, en su momento repleto de edificios del siglo XVIII y XIX y que hoy en día se reduce a una mínima parte de lo que era antes de su demolición masiva. Uno de las mejores excusas para la “remodelación”, fue el terremoto de magnitud 7.2 que sacudió la ciudad y gran parte de los países vecinos en 1977, con epicentro Vrancea (en otro momento os contaré mi experiencia con los habituales terremotos en esta parte de Rumanía). Más adelante, varias de las zonas derruidas sirvieron para levantar el descomunal Palacio del Parlamento, segundo edificio más grande del mundo en superficie, y en cuya construcción no está claro muy si murieron algunas personas, pero mucha gente asegura todavía hoy que hay fantasmas. Algunas fuentes dicen que para levantar el enorme edificio unas 30.000 residencias tuvieron que ser demolidas y, en general, una quinta parte de la capital fue derruida durante la dictadura.

Casa del Pueblo

Palacio del Parlamento aka Casa del Pueblo

La manía de los líderes comunistas en mostrar sus delirios de grandeza a través de edificios enormes es palpable en muchas de las ciudades rumanas, así como la construcción de amplias avenidas y grandes parque con sus correspondientes estatuas con personajes de la órbita soviética. De todas formas, esto pasa en todas y cada una de las capitales ex-comunistas del viejo continente.

Boulevard Unirii (Visto desde el Parlamento)

Boulevard Unirii (Visto desde el Parlamento)

Pero la migración forzada del pueblo a la ciudad trajo consigo otras consecuencias negativas. Una de ellas fue el abandono de animales de compañía en los pueblos, que ha originado el gran problema de los perros callejeros que existe todavía en muchas zonas del sur y este del país. Los sucesivos gobiernos han intentando tomar medidas, la mayoría de las veces enfocadas a su exterminación por la vía rápida. Actualmente hay una fuerte polémica sobre este asunto ya que, mientras algunas asociaciones de animales intentan promover su esterilización, adopción o manutención en albergues municipales; muchos políticos hablan de la superpoblación de las perreras, y de un problema de salud pública y peligro para los ciudadanos, por lo que abogan por su sacrificio o abandono en condiciones lamentables.

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Adopta un animalito Rumano

Hoy en día, todavía se pueden ver en algunas ciudades manadas de perros callejeros campando por la calles, atacando a coches y ciclistas, o revolviendo entre la basura. También es verdad que la mayoría de ellos tienen un pin identificativo en la oreja, lo que significa que han sido vacunados y esterilizados, y en zonas como Transilvania o el centro de las grandes ciudades, la situación está totalmente controlada.

Por cierto, la situación con los gatos callejeros es parecida, pero estos son más discretos, limpios y bonitos, por lo que al final la gente los alimenta, los adopta o incluso se los trae a España, como uno que yo me sé:

Kanka recién encontrado

Kanka recién encontrado

Tras la caída del régimen comunista se inició una era convulsa y con numerosas manifestaciones en la capital. El nuevo gobierno de Ion Iliescu perteneciente al Frente de Salvación Nacional (FSN), formado por muchos miembros del ex-partido comunista y su policía secreta Securitate (¿os suena esto de que los miembros de una dictadura vuelvan a aparecer en los partidos democráticos tras una transición?) adoptó políticas de austeridad, lo que produjo un gran problema de desempleo. Numerosas personas volvieron de la ciudad al campo, ya que muchas familias recibieron  pequeñas parcelas de terreno con la reforma agraria de 1991.

Otra de las consecuencias de estas migraciones internas, visible sobre todo en  las grandes ciudades como Bucarest, fue la proliferación de personas viviendo en la calle, alimentando ambientes decadentes de droga y violencia. Muchas de estas personas sin hogar eran menores de edad provenientes de los orfanatos creados por Ciaucescu (en los que, de hecho, apenas había huérfanos), que estaban repletos de niños abandonados debido a las políticas de crecimiento de población del dictador, que prohibía tanto la anticoncepción como el aborto. Os recomiendo este docuental de 2001 que plasma de forma muy cruda, pero real, la vida de 6 niños sin hogar que en una estación de metro de Bucharest:

A día de hoy aún pueden verse reminiscencias de esta situación en varias ciudades, al menos en la zona sur y este del país. En las pequeñas y medianas ciudades no es tan habitual y quizás es en las estaciones de trenes donde la situación de hace más visible. El mejor ejemplo es de nuevo Bucarest, en cuya estación principal de tren, Gara de Nord, y sus alrededores, aún se concentran un gran numero de toxicómanos viviendo en los antiguos túneles del metro. Recomiendo este reciente documental, que muestra desde dentro la situación real de estar personas:

http://casajurnalistului.ro/bruce-lee-king-sewers/

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