Joe Cocker: algunos blancos pueden cantar el blues.


Si me cortan las patillas ya no puedo caminar (foto: wikipedia)

Si me cortan las patillas ya no puedo caminar (foto: wikipedia)

Hola, amigos de la escalera.

Hoy quiero hacer mi particular homenaje al recientemente desaparecido Joe Cocker. Lo quiero hacer, primero, porque es uno de mis cantantes favoritos y, segundo, porque tengo la sensación de que siempre ha estado un poco infravalorado, incluso después de su muerte. De hecho, la gran mayoría de los artículos aparecidos los días posteriores a su fallecimiento en los grandes medios como Rolling Stones o The Guardian, se conforman con mostrar los twitts de apoyo a la familia de personalidades de la música como Paul McCartney (en andaluz: pon más carne ahí!) o Steven Tyler, y repetir veinte mil veces que se había hecho famoso gracias a su versión de “With a little help from my friends” de los Beatles. Tienes que irte a medios alternativos o a blogs personales para encontrar un poquito de información sobre su carrera.

En mi opinión, recordar al gran Joe Cocker como versioneador de segunda me parece un poco cutre periodísticamente hablando. Puede ser que quizás no haya llevado su carrera de la forma más inteligente posible, que tuviera algunos problemillas con las drogas o que no fuera muy amante de la fama ni lo suficientemente guapo como para salir en más portadas; pero puestos a hacer versiones, nadie las hacía tan bien como él.

Nuestro protagonista de hoy nació en Sheffield, Inglaterra. En su juventud trabajó instalando calderas de gas mientras ofrecía sus primeras actuaciones por los pubs de su ciudad y alrededores. El joven Joe, que de aquella era todavía John Robert (Juan Roberto), empezó a interesarse por el blues y el soul que en aquellos años llegaban a Europa desde el otro lado del charco, interpretados por artistas de color. Concretamente negro. Así fue como conoció al que sería su ídolo, musicalmente hablando, Ray Charles, con el que tendría la oportunidad de actuar en directo muchos años después, en 1983.

Si esa mezcla, de un inglés de la clase trabajadora, influenciado muy seguramente por el sonido beat que en aquellos años triunfaban en Gran Bretaña y aficionado a la música soul, le añadimos un poquito de alcohol y tabaco para ir puliendo la voz, podríamos empezar a entender su forma de cantar. Era un blanco cantando música de negros. Como ni él, ni sus antepasados, había sido esclavo en las plantaciones de algodón, es lógico que le diera a esa música un toque diferente, la suya, que luego sería el germen de muchos otros artistas del estilo llamado blue-eyed soul (soul de ojos azules). Una de las premisas del soul es precisamente eso, cantar con el alma, sintiendo lo que interpretas como si te fuera la vida en ello, por tanto la voz debe acompañar, así como el cuerpo. Una de las claves de este estilo es la libertad de sonidos y movimientos, dentro de unas fronteras musicales, donde el miedo y la vergüenza no tienen cabida. Una especie de tormenta controlada y eso Joe lo hacía muy bien. Lego, como decimos, eso lo fue aplicando a sonidos blancos emergentes en aquella época, como el rock.

Para argumentar porque creo que ha sido un poco infravalorado, me gustaría hacer una comparación de su carrera con la de otro de los artistas del llamado blue-eyed soul (osease blancos intentando cantar como negros), Rod Stewart. Aunque sus carreras tienen poco en común, ambos son británicos, tienen una voz rasgada, nacieron con un año de diferencia y se fueron pronto a conquistar América. Sin embargo, el bueno de Rod lo consiguió con creces, estando en el top40 de los artistas que más discos han vendido en la historia (http://en.wikipedia.org/wiki/List_of_best-selling_music_artists). Éste, supo sacarle partido a su voz y a su extravagancia mucho mejor que Cocker. Quizás Rodrigo tenía un punto más sexy, un escocés descarado pero con un toque de glamour. Por su parte, Juan  parecía un tipo más normal, de los que te encuentras en el bar y que, eso sí, se movía en el escenario como si estuviera poseído por el demonio puesto de LSD.  Mucho más de mi estilo, dónde va a parar. Además, o ademenos, el rubio supo, o le supieron, elegir mejor las canciones así como le benefició desviarse del rock hacia el pop en el momento adecuado.

Tras su famosísima actuación en Woodstock 1969 y una mítica gira por los EEUU con “Mad Dogs and Englishmen” en 1970, Cocker empezó a tener graves problemas con el alcohol y la drogaína. Su trayectoria en los 70′ estuvo marcada por los excesos y varios discos que no tuvieron demasiado éxito. Es verdad que algunos de los temas elegidos no fueron los más adecuados, pero su voz seguía siendo tan impresionante como siempre y a mí, personalmente, me gustan mucho. De esa época son verdaderos pepinazo como “I think it’s going to rain today” (Vacaciones en Asturias) o “You are so beautiful” (nena, estás cachonda).

Otro de los problemas es que ya habían dejado de tomarlo en serio, convirtiéndose en una caricatura de sí mismo, sobre todo en EEUU, donde estaba afincado. Si algo ayudó a que esto sucediera, esto fue la imitación que de él hizo el cómico John Belushi en la televisión nacional:

Pese a seguir en activo, sacando discos y dando conciertos, su popularidad fue disminuyendo a medida que avanzaba la década. Es verdad que “El perro rabioso” (“the Mad dog”, como lo llamaron tras alguno de sus desencuentros con la ley) volvió a estar en la cresta de la ola a mediados de los 80 gracias a dos películas de Hollywood. Oficial y caballero, en cuya banda sonora participó con “Up Where We Belong”, interpretada junto a Jennifer Warnes (la Jenni), canción que, además, gano un Grammy y un Oscar; y Nueve semanas y media, con su famosa “You Can Leave Your Hat On“.

En colusión, los hechos están ahí. Publicó 40 discos, realizó decenas de giras alrededor del mundo y cualquiera que vea completo el video (disponible en por canciones en Youtube) de su actuación en el Festival de Woodstock de 1969 no puede hacer más que rendirse a la evidencia de que el Inglés era un verdadero Soul-man que sentía la música de una forma muy especial y tendía la capacidad de trasmitírselo al público. Con eso me quedo, con  el recuerdo Joe Cocker pegando gritos como si le doliera el alma y con una foto de ese momento en mi fondo de pantalla.

Y ahora, Let’s go get Stoned:

PD: Por lo general no me gustan los post plagados de imágenes y vídeos, pero hoy en concreto sí.

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